Clon de hierro: de una mala jugada a un mejor jugador.

por Víctor Payes

“Las ideas de los sabios descansarán
en la mirada de los hombres libres”

Cada vez que hacíamos deportes sentía dolor en los pies mientras pisaba los cascotes resquebrajados del piso duro, condenado a seguir siendo castigado por las estaciones del tiempo en el patio del penal.

Me acordaba de cuando era niño. Jugábamos en nuestra escuela al fútbol y después de salir de la escuela dejábamos las mochilitas, nos sacábamos las únicas zapatillas que calzábamos y nos íbamos a la cancha grande del pueblo, esté como esté.

Jugábamos con entusiasmo de campeones, no nos paraba ni la lluvia, ni el frío, ni nada. Hasta con los más grandes que iban llegando jugábamos. Siempre en patas.

Recordando esos momentos también puedo sentir el corazón de mis hijos, con ese sueño de campeón, en diferentes deportes. Mi hija Rocío con su entusiasmo en boxeo, Elian y Gabriel en rugby, Nacho y Lucas en el fútbol, tremendos deportistas. Impresionante su fuerza. Tanto por su juventud como también por ese dolor que se siente al extrañar tanto tiempo, no poder estar con ellos, en cada partido, en cada momento. Mientras continúan firmes en su condición de campeones, por ser tan ejemplares y buenos niños.

Hoy veo cómo juegan los pibes en el patio de esta Unidad Penitenciaria y también sigo sintiendo ese dolor como una necesidad de pronunciar algo que sirva, para no sentirlo tanto. Porque se acoplan los recursos ideológicos que son buenos para agrupar un conjunto de condiciones que forman parte de lo actual, visto en el mismo espejo donde nos terminamos mirando todos. Porque está claro todo lo que podemos hacer en condición de libertad, mientras estamos también “privados de nuestra libertad”.

Vos sabés amigo que yo me pongo a correr los picaditos con los pibes de dieciocho a veinticinco años y aprendo todavía de ellos, teniendo yo cuarenta y seis. Siempre es una práctica más, lo repito constantemente.

¿Sabés cómo juegan? ¿Cómo no compartir también con ellos sus sueños, como si fueran mis hijos? ¿Cómo no ayudarlos, si sabemos cómo hacerlo? ¿Cómo nos vamos a quedar mirando habiendo tanto para hacer?

Hoy me pongo a escribir todo esto porque no solamente me encanta escribir, sino que también lo hago con una visión de futuro, porque así se siente. Creo que somos muy capaces de revertir cualquier tipo de situación que se nos presenta en la vida si nos ponemos a trabajar con todo lo que nos pueda ayudar, aunque nada sea tan fácil.

Pero la vida no termina acá. Todo continúa. Y dentro de ese todo está también esa participación que le quieran agregar para vivir mucho mejor.

Conocí la libertad en un mundo apartado. Donde la convivencia se aprende con respeto. Donde nos expresamos haciendo valer todos los valores de lo que bien se aprende, para bien enseñar. Sí, para bien enseñar, no para mal enseñar. O sea que si sé que sabés escribir, te voy a dar como ayuda un bolígrafo para que lo escribas vos, no lo voy a escribir por vos. Si no tenés ideas de recursos te ayudo a encontrar.

Amigo, tu vida es un valor, no te pierdas malpensando, no creas ser incapaz de hacer el bien. Sos lo que se hizo bien para unirte con esfuerzos a lo que el mundo espera de cada uno.

Nada se pierde cuando atentos miramos. La fuerza se encuentra donde creás tu propio recurso para hacerte bien, porque ahí es el momento donde te sentís vivo, acompañado, contagiando con lo que por sí solo permanece en la curiosidad de la convivencia, como buen vecino, en cualquier lugar donde te encuentres, compartiendo de lo simple lo cierto, y de lo complicado el cuidado.

La fuerza es el poder que cada uno siente cuando en silencio demostramos la templanza de lo seguro, de lo correcto, de lo evolutivo, de lo que no molesta a quienes de cosas buenas saben demasiado, y en su mirada no te esconden.

Clonamos el mismo hierro de los barrotes que nos encierran, y de lo crudo y lo sufrido renacemos fuertes. Somos clones de hierro para pronunciar libertad y paz en el hogar de los entendidos.


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